2021/12/14 by Navarro Durán, Rosa
paper · doi:10.21409/c3_5
Teresa de Jesús escribe para comunicar sus experiencias y conocimientos, y lo hace insistiendo en su condición de mujer no letrada, en su torpeza, en sus dudas. Su yo de escritora adquiere volumen, entidad con la imperfección que pregona, y así quita todas las barreras entre su palabra y sus destinatarias, las monjas, a las que incluso incluye en su relato. Y no solo a ellas, sino que también introduce en su texto a su censor, es decir al confesor a quien se lo da a leer para que elimine de él lo que considere oportuno. Su prosa es una escritura en libertad aunque dice que escribe por mandato; ella sabe muy bien que la censura inquisitorial la acecha. La estrategia de Teresa de Jesús para que su palabra escrita sobreviva forma parte de la espléndida originalidad de su obra. Su creación es palabra viva, fruto de la experiencia de una magistral escritora, que aprendió de la samaritana –una mujer– a transmitir a los demás lo que había descubierto.